PERSPECTIVAS DEL COMERCIO INTERNACIONAL | ANA DE MIGUEL VALDÉS

Bienvenida Ana , Vienes de una trayectoria muy ligada al marketing, la gestión internacional y a experiencias fuera de España ¿Qué te motivó a cursar el Máster en Comercio Exterior y cómo encajaba con tu trayectoria previa en marketing y gestión internacional en la Escuela de Negocios de la Cámara de Comercio de Madrid?

Mi trayectoria siempre ha estado muy vinculada al marketing y a entornos internacionales, pero con el tiempo me di cuenta de que quería entender mejor qué ocurre “detrás” de las decisiones comerciales: cómo se estructuran realmente las operaciones internacionales, cómo se gestionan los riesgos o cómo funcionan las cadenas de suministro.

Además, hay una parte muy personal en esta decisión: siempre me ha gustado trabajar con personas de distintos países, moverme en entornos dinámicos y entender cómo adaptarme a cada contexto cultural. Me motiva esa interacción constante y la necesidad de generar entornos de trabajo fluidos, donde realmente haya entendimiento entre distintas formas de pensar y trabajar.

El Máster en Comercio Exterior encajaba perfectamente porque me permite complementar esa visión más estratégica y orientada al mercado que tenía desde el marketing, con una base técnica mucho más sólida. Al mismo tiempo, me abre puertas para desarrollarme profesionalmente en ámbitos donde ese vínculo internacional es clave, que es precisamente donde más cómoda me siento y donde sé que puedo aportar más valor.

Elegí la Escuela de Negocios de la Cámara de Comercio de Madrid porque tiene un enfoque muy práctico y conectado con la realidad empresarial, que era justo lo que buscaba para dar ese siguiente paso en mi perfil.

Has estudiado y vivido en países como Corea del Sur, Estados Unidos o Bélgica. ¿De qué manera estas experiencias han moldeado tu comprensión de las dinámicas globales, las cadenas de suministro internacionales y la toma de decisiones en contextos multiculturales?

Haber vivido en países como Corea del Sur, Estados Unidos o Bélgica, sobre todo en etapas en las que era estudiante y aún estaba formándome, me ha permitido desarrollar una visión mucho más amplia de lo que significa convivir con distintas culturas.

Más allá del ámbito académico, estas experiencias me han abierto los ojos a la complejidad del ser humano: a cómo influyen las tradiciones, la cultura o incluso la gastronomía en la forma en la que las personas se relacionan entre sí y con quienes vienen de fuera. He podido ver de primera mano que no hay una única forma de entender el mundo.

Para mí, no hay nada más enriquecedor que llegar a un entorno completamente distinto al tuyo. Es en ese momento cuando realmente aprendes, porque te enfrentas a otras formas de pensar y te das cuenta de que lo propio no es lo único válido. Eso cambia completamente tu forma de ver las cosas.

Creo que esa capacidad de entender y adaptarse es clave también en entornos internacionales, porque cada cultura prioriza aspectos diferentes y puede abordar los problemas desde perspectivas muy distintas. Lo interesante y lo que a mí personalmente más me atrae, es encontrar ese equilibrio, ese punto medio en el que, a pesar de las diferencias, las personas pueden entenderse, cooperar y construir cosas juntas.

En este sentido, recuerdo especialmente una asignatura de mi carrera, Glocal, donde analizábamos casos reales de marcas que habían sabido escuchar a sus clientes y adaptarse a distintas culturas sin perder su esencia. Me pareció fascinante porque reflejaba exactamente esa idea: cómo lo global y lo local pueden convivir si realmente hay una voluntad de entender al otro.

El Máster en Comercio Exterior integra aspectos técnicos como logística, financiación, aduanas y gestión de riesgos. ¿Qué herramientas o enfoques del programa están aportándote una nueva estructura para conectar tu experiencia previa con los retos del comercio internacional?

El máster me está ayudando, sobre todo, a llevar los conocimientos que tenía de ADE a un contexto internacional mucho más completo. Antes entendía bien la parte de negocio desde una perspectiva más general, pero ahora estoy aprendiendo cómo funcionan realmente los procesos cuando operas a nivel global: desde la logística internacional o la gestión aduanera, hasta la legislación o la financiación de operaciones.

También me está permitiendo entender el potencial real que tienen hoy en día las empresas, muchas de las cuales nacen ya con una vocación global. Eso cambia completamente la forma de plantear las estrategias y hace imprescindible tener una visión mucho más amplia y conectada de todos los elementos que intervienen.

Pero, sin duda, lo que más valoro del máster es el enfoque práctico. Tenemos la oportunidad de aprender directamente de profesionales del sector, que comparten casos reales y experiencias concretas. Creo que la teoría es necesaria, pero es al enfrentarte a situaciones reales cuando realmente entiendes cómo encajan todas las piezas.

Ver cómo las empresas han gestionado retos reales hace que todo el contenido teórico sea mucho más tangible y visual, y te ayuda a interiorizarlo de una forma mucho más profunda. Es ahí donde realmente sientes que estás aprendiendo algo aplicable.

Muchos estudiantes del Club Alumni están explorando una trayectoria orientada al negocio global. Desde tu experiencia, ¿qué competencias, actitudes o mentalidades consideras esenciales para tener éxito en el ámbito del comercio internacional hoy en día?

Creo que, más allá de los conocimientos técnicos, hay una parte mucho más humana que es clave en el comercio internacional.

Para mí, lo más importante es la capacidad de entender a personas que piensan de forma distinta a ti. No se trata solo de conocer otras culturas, sino de saber adaptarte a ellas, escuchar y encontrar puntos en común. Al final, trabajar en un entorno internacional es precisamente eso: convivir con distintas formas de ver el mundo.

También es fundamental tener curiosidad y una mentalidad abierta. Haber vivido fuera me ha enseñado que no hay una única forma de hacer las cosas, y que muchas veces las mejores soluciones surgen cuando eres capaz de integrar distintas perspectivas.

Por otro lado, sí creo que es importante desarrollar una base analítica sólida, porque el entorno global es cada vez más complejo y cambiante, y necesitas entender bien el contexto para tomar decisiones con criterio.

Pero si tuviera que resumirlo, diría que lo más importante es esa combinación entre apertura, capacidad de adaptación y ganas reales de entender al otro. Es ahí donde, en mi opinión, está la clave para poder construir relaciones y proyectos que funcionen a nivel internacional.